La pirita tiene una acción de calentamiento para todas las personas frías, tanto en el sentido físico como psicológico. Ayuda a resolver problemas articulares (como el reumatismo), así como bronquitis, resfriados y gripe. También se recomienda en casos de mala digestión causada por el frío. La singularidad de la pirita reside en los dos elementos que la componen. Por un lado, el “fuego”, gracias a su alto contenido en azufre y su aspecto dorado y cálido; por otro lado, el “metal” en el corazón de su sistema cristalino, que forma cubos y proporciona una gran estructura y un anclaje notable.
Esta sorprendente combinación es útil en situaciones particulares, como en el caso de proyectos ambiciosos que requieren solidez y entusiasmo. En asociación con la fluorita, ayuda a ver con mayor claridad y a avanzar con una concentración asombrosa, tanto de manera individual como en equipo. La pirita está asociada al tercer chakra y, por lo tanto, a la estructura de la personalidad. Al igual que otras piedras, sirve como piedra protectora, aportando una resistencia sólida. Es ideal para adolescentes que atraviesan crisis de identidad y necesitan un fuerte anclaje y ayuda en la construcción de su personalidad. También puede beneficiar a adultos que no completaron esta etapa crucial de desarrollo.
Además, es útil para personas nerviosas, ansiosas, inseguras o con falta de energía física. Para personas ya estructuradas, la pirita fomenta la flexibilidad y la comprensión. En proyectos que requieran una mente clara, se puede combinar con fluorita. Para tratar la mala circulación sanguínea y deficiencias de hierro, se puede asociar con hematita; para el estómago, con citrino; y para el páncreas, con blenda. Se debe tener cuidado al llevar esta piedra directamente sobre la piel, ya que la pirita desprende hierro.











